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El papel de la mascota como “miembro de la familia” es relativamente
reciente en nuestra sociedad. Hasta hace algunas décadas, el rol de
las mascotas tenía un componente económico, vinculado a la estructura
productiva y, en mucho menor grado, a la estructura afectiva de una
unidad familiar.
El concepto “animal de compañía”, en cambio, se presenta asociado al
disfrute del tiempo libre, uno de los logros de la sociedad desarrollada.
La función de las mascotas, pues, ha cambiado a lo largo de los años
y muy especialmente en las últimas décadas.
La dinámica familiar tradicional se ve modificada con la presencia de
una mascota que adquiere la función de un miembro más de la familia.
Expertos del ámbito de la psicología coinciden en destacar su rol
como catalizadores de la comunicación entre los miembros de la
familia o promotores de momentos de intimidad y confianza, entre
otros.
A nivel individual, perros y gatos mejoran la
capacidad de relación, mejoran la autoestima, ayudan a superar estados
de ánimo bajos, palian el sentimiento de soledad y en el caso de
los perros incluso estimulan el ejercicio físico.
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